LUXACION CONGENITA DE CADERA

Son pocos los minutos que transcurren desde que el neonatólogo comienza a revisar al niño recién nacido, hasta que confirma que éste nació sin problemas. Con la ansiedad de esos pocos momentos, anhelamos las palabras que confirman que nuestros hijos son sanos. Pero en una pequeña proporción no ocurre así porque los niños nacen con luxación de cadera. Esto no es detectable inmediatamente; tal vez, con un ojo avezado, el pediatra, con algunas maniobras, observando la diferencia de nivel en los pliegues glúteos, pueda detectar prematuramente la luxación; de no ser así, la afección sale a relucir, al comenzar el niño a caminar.

Esta lesión se puede observar en una o ambas caderas, presentándose en un 80% más en niñas que en varones, desconociéndose las causas de esta desproporción. Algunos consideran que la herencia juega un papel relativo.

Normalmente la cadera está formada por la cabeza del fémur, que tiene forma de esfera y que entra dentro de una cavidad en el hueso coxal, a esta cavidad se la denomina acetábulo. La luxación congénita de cadera obedece a un desarrollo intrauterino defectuoso de esta cavidad que se aplana en el momento de su formación, haciéndose poco honda, impidiendo el alojamiento a la cabeza femoral. Esta cabeza ejerce una presión sobre el hueso defectuoso, formando una nueva depresión que raramente es suficientemente profunda para ofrecer una cuenca adecuada a la cabeza del fémur, que frente a esta anormalidad no se desarrolla normalmente. Así las cosas, el peso del cuerpo no se descarga adecuadamente, el 50% en cada pierna, sino que lo hace mayormente sobre el lado sano, lesionando de esta manera ligamentos, cápsula y músculos; estos últimos se retraen progresivamente, ofreciendo una extraordinaria resistencia a la reducción de la afección así como también traccionan deficitariamente, provocando un desnivel de pelvis que al caminar sobre la pierna afectada se aprecia una cojera muy acentuada. Con el objeto de contrarrestar esta inclinación, el tronco se ladea en dirección opuesta, provocando un bamboleo exagerado en la marcha. Existe un acortamiento aparente del miembro, unos tres o cuatro cm., debido que el fémur ocupa una posición elevada respecto de su ubicación normal.
Los niños no acusan de dolor, pero a medida que crecen, se fatigan con el ejercicio, en especial en los casos bilaterales.

Es de suponer que todas estas alteraciones van cimentando el factor psicológico del niño que a medida que crecen y al no poder eludir las miradas de quienes lo rodean, provoca un carácter retraído en ocasiones y agresivo en otras. También se entienden que de una marcha tan inestable sufrirán consecuencias otras regiones del cuerpo, desviándose, columna, rodillas, pie, etc.
Como contraposición a tal enfermedad, la ciencia ofrece distintas alternativas pero todas dirigidas a la reposición de la cabeza femoral en la cabida correspondiente y mantenerla en este lugar hasta el desarrollo normal y completo del individuo.

Los beneficios son mayores, cuanto más precozmente se instala el tratamiento, el límite de tiempo adecuado no debe sobrepasar los seis años de edad. En un principio se usan vendajes especiales que tienden a mantener los miembros inferiores separados y las caderas rotadas hacia afuera, a modo de “rana”, esto se realiza antes del año y medio de edad y los tratamientos suelen durar un año aproximadamente; tienden a obligar en forma lenta y progresiva al fémur a reubicarse formando la cavidad necesaria. Otros métodos son las manipulaciones que con ayuda de anestesia, logra estirar los músculos retraídos e instalar la cadera.

Es increíble ver todo lo que el niño puede hacer y como se arregla para movilizarse con todos estos implementos y si bien los padres sufren al verlos, se debe comprender que el niño fuera de no sufrir, va curándose, siendo valedero cualquier sacrificio. La cirugía se practica en los casos en los cuales la edad de los pacientes es demasiada para la corrección con los métodos anteriores, tiende a formar quirúrgicamente la cavidad requerida.

En definitiva, una luxación congénita de cadera es una afección de sombrío pronóstico si no es atendida adecuadamente. La modernización nos ha traído consigo logros que ampliaron los métodos ya existentes.

La incertidumbre del futuro de un hijo, se soluciona con la medicina actual con la que cuenta la Argentina.

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