LOS TENISTAS TAMBIEN SUFREN

Si hace 30 años alguien hubiera dicho que padecía de codo de tenista, probablemente lo hubiéramos mirado con rareza. En cambio hoy ya todo el mundo está interiorizado no solo de este dolor, sino que reconoce todos los producidos por el mal uso del deporte. Es que con en el advenimiento del tenis, incorporado como deporte masivo, y no solo para algunos privilegiados, el resultado es que hoy sabemos infinitamente más sobre el deporte, sus beneficios y sus problemas, que hace tres décadas atrás.

El afán de mejorar el juego, es un motor de inmensa fuerza y gracias a él el hombre común practica y progresa; cuando por exceso existe un sobreesfuerzo de los músculos del codo, se produce el codo del tenista o epicondilitis. Esto generalmente surge no en gente experta y con técnica depurada, muy por lo contrario, en principiantes que comienzan a aprender los golpes y sobre todo el llamado “revés” o en los que cambian su forma de golpear luego de algún tiempo. Otro motivo es el cambio de raqueta. Hoy en día con la competencia de fabricantes de artículos deportivos, existen ropas, calzados y raquetas de todos los tamaños, formas y pesos, de los más variados tipos de encordados, destinados a un mercado de más de tres millones de consumidores en nuestro país. Actualmente, con la experiencia de los industriales y basados en la observación, se logran mezclas para raquetas, de los más sofisticados materiales. El usuario puede elegir desde la antigua madera al moderno borón, desde la fibra de vidrio a la cerámica, desde el grafito al carbono; un costoso utillaje, adaptado a requerimientos de cada físico. El resultado es que se sabe mucho más de que es lo que necesita el deportista y más aún sobre la tecnología y materiales para fabricar los elementos. Sin embargo esto no alcanza; al jugador de tenis se lo puede dividir en dos grandes grupos: los profesionales de gran técnica y estilo, y los aficionados, dentro de estos últimos se encuentran aquellos que por intermedio del tenis descargan sus problemas, los que utilizan el deporte como válvula de escape y que en lugar de pegarle a una pelota le pegan al cheque rebotado, al jefe de la oficina o al negocio fracasado.
La falta de técnica, la vibración de una raqueta y la rabia descargada en cada golpe, son los enemigos mortales para cualquier brazo. Esto se traduce en dolor desde el codo, irradiado hacia la muñeca, debilidad al cerrar la mano tanto al saludar con un apretón o al levantar y servir una botella; en ocasiones existe la sensación de quemazón y la imposibilidad de movimientos tan simples como el abrir una puerta; es un dolor invalidante, que impide al jugador seguir su actividad deportiva y por ende no tener su ansiada descarga tensional. La afección no es de magnitud pero si de continuidad que se acentúa al exigir a un grupo muscular más de lo este puede dar.

Es necesario evitar las raquetas que vibran mucho, esto indefectiblemente se traslada al codo, como una vara metálica que va minando lenta y progresivamente las inserciones tendinosas.
Aprender adecuadamente y en manos de profesores expertos la técnica del golpe, un drive o un revés bien pegado satisface el espíritu y no lesiona el brazo. Es aconsejable el uso de bandas elásticas en las muñecas y entre éstas y el codo; la finalidad es amortiguar la vibración, reducir la fatiga y relajar la musculatura. Si los dolores se acentúan, es preciso la consulta con el profesional. Tanto los tratamientos ortodoxos, como los nuevos trabajos experimentales quizás nos traigan la respuesta que espera la deportología.

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