ESGUINCE DE TOBILLO

Las lesiones en deportología, son una continua incógnita y lo son porque ignoramos muchas de las leyes que rigen el comportamiento durante la práctica de actividades atléticas.

Dentro de los daños más comunes y que producen los dolores más fuertes, está el esguince de tobillo. Este puede variar, desde una simple distensión de ligamentos hasta el desprendimiento de éstos, éste puede ser parcial o total, involucrando en ocasiones a los pequeños ligamentos del lado externo del tobillo. El aparato ligamentario estabiliza las articulaciones del pie, permitiendo los movimientos fisiológicos y son los que ponen los límites cuando exigimos más de lo que un pie puede dar.

El tobillo sufre un esguince cuando los ligamentos se estiran exageradamente y esto se produce en un traspié o en un movimiento exigido con el pie en posición inestable; puede ocurrir al correr, al caminar sobre terreno desparejo en actividades deportivas y hasta caminando sobre tacos altos, cuando hay falta de costumbre para hacerlo.

Los ligamentos están compuestos por fibras que están entrelazadas entre sí como esterillas; cuando se produce el accidente, estas fibras se distienden a tal punto que dejan espacios vacíos que en los días subsiguientes son rellenados por tejidos de cicatrización o sea, que de no ser tratado adecuadamente y a tiempo, este ligamento cicatriza estirado, más largo que antes del trauma.

En consecuencia, el pie que antes era firme sostenido por ese aparato ligamentario y tendinoso, queda inestable, flojo, como un paquete mal atado y predispuesto a repetidos esguinces para siempre.

Es sabido que el tren que lleva tejido cicatrizal en cualquier zona lesionada del cuerpo, es la sangre; como los ligamentos del pie son muy pobres en irrigación sanguínea, un esguince necesita por lo menos seis semanas para su recuperación, máxime que generalmente se acompaña con lesiones de músculos, tendones, vainas o membranas sinoviales.

En el momento del estiramiento existe dolor intenso, el paciente lo primero que piensa es que se fracturó ayudado por algún ruido crepitante o chasquido al momento de la caída. También se produce hinchazón con deformidad de todo el pie, siendo significativo el ver como se pierde el tobillo con el correr de las horas, para transformarse en una zona enrojecida, caliente y con aspecto de inflamación aguda. En una etapa más tardía, tal vez en horas, el dolor se vuelve sordo y la imposibilidad de pisar o moverse es evidente. El hematoma procedente de los vasos rotos de estructuras vecinas no tarda en aparecer y la imposibilidad funcional es total.

Como deducción de todo esto se desprende: ante un esguince, la consulta profesional es imperiosa; que no hay esguince que remita solo o sin ayuda; hasta el momento de ser atendido no debe moverse el pie, manteniéndolo en alto y con aplicaciones de hielo para frenar la inflamación; que un esguince bien tratado y a tiempo, cura bien.

Debiendo ser atendido dentro de los dos o tres primeros días, antes que comience la cicatrización en posición incorrecta; y que la edad es tan importante como la lesión, ya que un pie joven, tiene mucho deporte que practicar y no se pueden correr riesgos de dejar un pie poco apto.

El “ya va a pasar”, no sirve, ya que los hechos existen, y negarlos es negar la evidencia. De hecho, los investigadores de estos temas tienden cada vez más y con más frecuencia a ampliar su capacidad de tratamientos, pero hay que entender que el primero en tratar un esguince, es el propio paciente; lo que se pierde por esperar no se recupera y que ser consciente ante este traumatismo es el camino más sabio.

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