EMBARAZO Y ENFERMEDAD DISCAL

El embarazo buscado en una pareja es la bendición más grande que la vida les puede deparar, por eso la mujer tiene que estar preparada psicológica y físicamente. Generalmente no hay complicaciones, un embarazo no es ninguna enfermedad y si el médico por alguna causa no indica algún descanso especial, la mujer debe seguir como si nada hubiera sucedido. Pero en ciertas ocasiones pueden aparecer algunas afecciones y dentro de las más comunes están: los procesos circulatorios con la aparición de varices, aumento de la presión arterial, cambios en la química sanguínea y los dolores de cintura. Este punto es el más molesto ya que acompaña a la mujer desde los pocos meses de la gestación y no la abandona por bastante tiempo, aún después del parto.

Las causas de estos dolores se basan en alguna predisposición de la mujer, alguna alteración de la columna que ya venía sufriendo o que se despertaron con los cambios que se dan en esa etapa, si una persona ya había tenido afecciones como hernias de disco, degeneración discal, o sea discos que se han enfermado y secado perdiendo su función original que es actuar como un amortiguador en cada movimiento, el haber tenido algún accidente o tener un deslizamiento de las vértebras, son causas suficientes como para que la futura mamá reviva viejas dolencias. Pero si nunca sufrió de lumbagos, los motivos por los que la mujer va a tener el disgusto de conocerlo son: la nueva carga que significa transportar el peso del feto, es una nueva y circunstancial mochila que día a día aumenta de tamaño y no todas las columnas están preparadas para la sobrecarga, hay que tener en cuenta el tamaño, el peso y la altura de la madre, en cada caso se hace más o menos difícil para esa columna sobrellevar el trance. También durante el embarazo hay más laxitud ligamentaria, o sea que los ligamentos que sostienen nuestras articulaciones son más elásticos, se tornan los movimientos más flexibles, esto es causado por la producción de relaxina, esta es la hormona necesaria para producir la laxitud ligamentaria en la región pelviana necesaria para permitir el nacimiento del feto, en ese momento la pelvis menor se abre, se mueve el hueso sacro como si la mano de un caballero diera paso a una dama así este hueso deja pasar al feto al exterior, esto es bueno para el momento del parto pero no tanto para las estructuras que dan soporte a la columna que también se relajan y no sostienen dando en ocasiones inestabilidad y dolor.

Qué hacer en estos casos? la madre con tal de no perjudicar al bebé trata de no tomar remedios y soporta los dolores, a su vez el mismo médico está impedido de sacar radiografías u otros estudios ya que las lesiones al feto serían de magnitud y por supuesto la cirugía sería la boca del lobo a la que ningún cirujano quisiera arriesgarse a meter. Sin duda, los métodos naturales son los más utilizados y aunque los dolores no cedan del todo, se puede lograr aliviar a la mujer y son los más aconsejables, por eso la primera indicación ante un dolor de cintura es guardar reposo, la cama es y será siempre un aliado de la medicina y en estos casos cuanto más duro sea el colchón mejor, la postura deberá ser de costado con las piernas flexionadas o boca arriba con una almohada debajo de las rodillas, también se aconseja el uso de corset, esto tiene la finalidad de estabilizar y sostener la columna; por último se pueden usar masajes suaves, baños de inmersión y algunas técnicas de manipulaciones localizadas que se realizan con suavidad y alivian casi en forma inmediata.

En definitiva, el ser madre implica tantas responsabilidades como sacrificios pero a no desesperar, hay métodos y formas para que un embarazo y su parto se transiten con alegría y felicidad, así que anímese, su médico le cuida la espalda.

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