CEFALEA, MAL DE NUESTRO TIEMPO

El dolor de cabeza es una de las afecciones más generalizadas, en el mundo actual, padeciéndola cerca del 10% de la población sana, según datos certificados por recientes estudios.

Estas “cefaleas”, nombre clínico que califica a los dolores de cabeza, pueden cambiar el carácter de cualquiera y volver irritable al más sereno.

Para curarse, la gente efectúa, por su cuenta el uso indebido de medicamentos analgésicos, que contienen diversos fármacos o drogas.

Los dolores son tan agobiantes, que hay frecuentes abusos de terapias, desde trapitos con hielo hasta la cura del mal de ojo. Cuando hay uso abusivo de medicamentos no siempre son inofensivos, ya que el cuerpo siempre se cobra con anemias, úlceras gástricas, hemorragias o lo que es peor, con el hábito, los excesos cometidos.

Un día de cefalalgia aguda puede sufrirlo cualquiera, pero quien la padece se aterra que esto sea repetitivo.

Existen diversos tipos de cefalalgias y entre ellos las producidas por la columna cervical y los tejidos blandos que rodean a ésta, como ser tendones, músculos y ligamentos. El mecanismo por el cual la sangre llega al cerebro, está brindado fundamentalmente por las arterias carótida interna y las dos vértebras cervicales por lo que la existencia de alteraciones en estos niveles como ser: hernias de discos, desplazamientos de vértebras, artrosis, etc, pueden alterar la circulación hacia el sistema nervioso central y por ende disminuir el aporte de oxígeno.

Las alteraciones de los tejidos adyacentes como ser contracción sostenida de los músculos de cuello y hombros, ya sea por tensiones nerviosas, stress, incorrectas posturas de trabajo, sedentarismo y otros factores, coadyuvan al mismo cuadro.

Los dolores se ubican generalmente en la frente, sobre los ojos, o en media cabeza, la llamada cefalea “occipito-parietal”, mareos (de poca duración), al movimiento brusco de cabeza o cambio de postura. También se dan alteraciones visuales, como visión borrosa o dificultades de lectura, náuseas, adormecimientos nocturnos de manos, zumbido de oídos, disminución de la memoria, sensación de cabeza vacía o embotada, decaimiento y otros.

Este conjunto de síntomas, son confundidos en forma equívoca por los pacientes, pensando que pueden ser consecuencia de alteraciones hepáticas, baja presión, estreñimiento u otras cosas y claro, este autodiagnóstico lleva a un mal autotratamiento.

Actualmente se realizan efectivos tratamientos basados en la normalización de las disfunciones circulatorias y la relajación de los músculos cervicales. Hay que devolverle al enfermo la normalización de un estado que no es agudo en intensidad pero si en continuidad y hace que el paciente esté esperando el dolor o el mareo. Tal persistencia altera el carácter de las personas trastornando el ambiente familiar.

Y a medida que el estado nervioso aumenta, se acentúa también la molestia formando un círculo vicioso: dolor- contractura -dolor. Es una de las pocas afecciones que se le tiene el respeto que las grandes afecciones merecen.

La solución de este problema comienza en la puerta del consultorio de su médico.

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